La Alianza del Pacífico Como Primer Paso

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Quizás uno de los mayores aciertos en política exterior del presidente argentino Mauricio Macri fue el acercamiento hacia la Alianza del Pacífico (AP). Tras doce años gobernada por el matrimonio Kirchner (2003 – 2015), la Argentina se ha convertido en uno de los países más cerrados del mundo.

La política comercial de los Kichner se basaba en dos pilares fundamentales. El primero de ellos, el Mercosur. El segundo, una serie de roadshows por países como Angola o Azerbaiyán. Estas exóticas giras comandadas por el secretario de comercio del gobierno K dejaron como resultado una merma en el comercio con dichos países.

El Mercosur, por su parte, mutó de acuerdo comercial multilateral a una unión de países proteccionistas en lo económico y populistas en lo político. De ahí los denodados esfuerzos por incorporar a la Venezuela chavista a sus filas. Hecho que sucedió finalmente en 2012. Sin embargo, Venezuela actualmente enfrenta una posible expulsión del bloque debido a su crisis política y la constante represión del gobierno de Nicolás Maduro.

Estos desatinos populistas y proteccionistas del Mercosur tienen como contracara a la Alianza del Pacífico.

Creada en 2011 por los gobiernos de México, Colombia, Perú y Chile, es uno de los bloques comerciales más dinámicos del mundo. Entre los mayores logros del grupo, se encuentran la promoción del comercio entre los países miembro y la liberalización del régimen de visado para facilitar el tránsito de personas.

Además, la AP actualmente negocia tratados y acuerdos con los países miembros del ASEAN, bloque comercial del sureste asiático, con los países de la cuenca del Pacífico nucleados en APEC y con Canadá.

La Alianza del Pacífico congrega una población combinada de 217 millones de personas y destacan que “si se sumara toda su producción y se les contara como un solo país, serían la octava economía del planeta y la octava potencia exportadora”.

Por si esto fuera poco, los países miembros de la AP son los cuatro países latinoamericanos mejor posicionados en el ranking Doing Business del Banco Mundial.

Como decíamos, El Mercosur es un grupo que ha perdido el rumbo y que tiene en sus filas a países que atraviesan tumultuosas crisis internas (Brasil y Venezuela). El acercamiento del presidente Macri a la AP envía una poderosa señal del cambio de tendencia que quiere imprimir.

 

Acuerdos comerciales: Lo bueno, lo malo y lo feo 

Es indudable que los acuerdos comerciales, los llamados tratados de libre comercio, los bloques regionales, etc. han hecho mucho por aumentar el volumen del comercio internacional. En este sentido, la AP claramente posee un sesgo aperturista. A su vez, también es una muestra de liderazgo latinoamericano en materia comercial en tiempos en los cuales soplan vientos proteccionistas desde la mayor potencia económica del mundo.

Pero los acuerdos comerciales regionales también tienen un lado negativo. Normalmente son de carácter discriminatorio, en el sentido de que la apertura comercial que otorgan sólo la gozan los miembros del bloque. Un claro ejemplo de esto es la Unión Europea, que garantiza un comercio bastante abierto entre los países miembro pero se erige como una inexpugnable fortaleza hacia el afuera.

Y quizás una cuestión de mayor gravedad es que este tipo de uniones entre países, cada vez más, trascienden por mucho lo comercial.

Por empezar, tengamos presente que una acuerdo de libre comercio propiamente dicho no ocuparía más de una página. Basta con que enuncie que se eliminan todas las barreras arancelarias, aduaneras, etc. al comercio. Sin embargo, los acuerdos comerciales contemplan infinidad de reglas, regulaciones, intereses de grupos de presión, etc.

Sin ir más lejos, la AP explica en su web que “busca impulsar la investigación en materia de cambio climático”. Puede que este sea un objetivo loable, pero no parece ser muy acorde con un grupo que fomenta la apertura comercial.

 

Cuando solo es acompañado

La política comercial ideal es la de apertura unilateral. Debemos tener presente que las naciones no comercian. Comercian individuos, pequeños negocios, grandes compañías, pero nunca el país en su conjunto. Y lo mejor que puede hacer un país es dejar que sus ciudadanos comercien libremente con quien lo deseen. Esto es, una apertura real a todo el mundo.

Tal como destaca el experto en comercio internacional Razeen Sally, muchos países asiáticos optaron por abrir unilateralmente sus economías durante los 90s. Por otra parte, la apertura unilateral es la política de países como Suiza, Singapur y Hong Kong. Estos tres países, de acuerdo con la métrica del PBI per capita según paridad de poder adquisitivo, ocupan los puestos 4, 11 y 12 entre los más ricos del mundo.

En conclusión, teniendo en cuenta el punto de partida proteccionista quasi autárquico de la economía argentina, es un muy buen primer paso el acercamiento del presidente Macri hacia la AP. Pero ello no debe hacernos olvidar que los acuerdos comerciales son alternativas imperfectas y que no deben constituir un fin en sí mismo.

Estrechar relaciones con la Alianza del Pacífico debería representar para la Argentina un puerto de partida, no de llegada.

 

Originalmente publicado en Visión Liberal

 

* Federico N. Fernández es Presidente de la Fundación Internacional Bases (Rosario, Argentina) y Senior Fellow del Austrian Economics Center (Viena, Austria).

Las opiniones expresadas en artículos publicados en www.fundacionbases.org no son necesariamente las de la Fundación Internacional Bases

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