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III Congreso Internacional "La Escuela Austríaca en el Siglo XXI" 05, 06 y 07 de Agosto de 2010 Todas las fotos aquí |
| Lecciones de una revolución escrita con papel carbónico |
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Por Ricardo López Göttig
Fuente: Fundación Atlas 1853 Cuando el socialismo comenzó a dar claras señales de que no era posible reformarlo en Europa central y oriental, a pesar de los intentos de buscarle un "rostro humano", un puñado de sus antiguos creyentes comenzó a agruparse con suma cautela en organizaciones que procuraban defender los derechos humanos, pomposamente proclamados en las constituciones, pero violados descaradamente en la vida cotidiana en todo el bloque soviético. Muchos de ellos provenían de las filas mismas del Partido Comunista y que, habiendo sido expulsados por "derechistas", "desviacionistas", "contrarrevolucionarios" y agentes de las más variopintas y disparatadas conspiraciones "imperialistas", eran intelectuales de gran valía que sinceramente habían abrazado el marxismo en su juventud.Estas organizaciones surgieron espontáneamente por la necesidad profunda de defender la dignidad humana, y se nutrieron también de intelectuales de convicciones democráticas que se inspiraban en distintas corrientes del pensamiento político de Occidente. Así, por ejemplo, nació en 1976 el Comité de Defensa de los Obreros (KOR) en Polonia, un año después bautizado como Comité para la Autodefensa Social (KSSKDR), y la Carta 77 en la actual República Checa. Estas organizaciones se apoyaron en el sistema legal entonces vigente y, sobre todo, en el acuerdo de Helsinki de 1975, firmado por las naciones occidentales y del bloque soviético en el marco de la denominada "coexistencia pacífica", y que contemplaba el reconocimiento de los derechos civiles, políticos y culturales de los habitantes de los estados signatarios. Poco importó, en ese momento, a los regímenes del socialismo real adherir a estos principios en los que no creía, puesto que les abrió las puertas a importantes créditos del mundo capitalista, al que tanto aborrecían como necesitaban. Sin embargo, la inclusión de este acuerdo en la legislación de cada nación, brindó a los defensores de las libertades individuales un poderoso instrumento para reclamar por los derechos vulnerados. De este modo, cuando el régimen checoslovaco censuró al grupo de rock underground Plastic People of the Universe, estos músicos fueron apoyados por el filósofo Jan Patocka -un antiguo discípulo de Husserl y de gran prestigio internacional-, el dramaturgo Václav Havel e Jirí Hájek, el antiguo ministro de relaciones exteriores del legendario Alexandr Dubcek. Sumando a distintas corrientes y personas de profesiones diversas, nació la Carta 77. Fue una constante en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, que los voceros de estas agrupaciones padecieran la prisión. Jan Patocka murió durante un interrogatorio policial, luego de ser torturado, y el sacerdote católico Jerzy Popieluszko fue asesinado por agentes de seguridad en Polonia. A pesar de la persecución permanente de los aparatos de seguridad y de la policía, fueron sumamente prolíficos en publicar manifiestos, documentos y revistas clandestinas, conocidas como samizdat. Se trataba de publicaciones escritas a máquina y multiplicadas gracias al papel carbónico, que a veces contaban con la ayuda de compatriotas exiliados en Austria, Alemania, el Reino Unido, Francia, Canadá... Contaron con la difusión de su pensamiento y acción a través de las radios Free Europe y Liberty (RFE/RL), con sede en la República Federal de Alemania y financiadas por los Estados Unidos, ampliamente escuchadas en toda Europa oriental, burlando los intentos de interferencias. Asimismo, los disidentes crearon "universidades" en las cuales mantuvieron con vida el debate y la reflexión, y daban clases en lugares que iban cambiando para evitar las redadas sorpresivas, por lo cual se las llamó "voladoras". En este ambiente de renovación del pensamiento se formaron muchos de los actuales protagonistas de la vida política, cultural y empresarial en Europa central. Nacieron pequeños clubes literarios, artísticos, activos centros de creación que no estaban sujetos a los lineamientos estéticos e ideológicos que imponía la burocracia. Esta vida fuera de las estructuras establecidas rígidamente por el sistema de Partido-Estado, que pugnaba por buscar su propio camino, dio origen a lo que el filósofo y matemático checo Václav Benda llamó la "polis paralela": era el embrión de la sociedad civil, el núcleo esencial del cual brotaron los movimientos democráticos como Solidaridad en Polonia, cuyo eje eran los obreros con el claro liderazgo de Lech Walesa, el Foro Cívico de los checos, con Havel como vocero e inspirador, y la Opinión Pública Contra la Violencia en Eslovaquia. La sociedad civil conformada por la disidencia fue una escuela de pluralismo que luego se multiplicó, desde 1989 en adelante, en una gran variedad de fuerzas sociales, políticas y culturales inspiradas por los principios de la sociedad abierta. De ello dan fe el amplio espectro ideológico que abarcaban Solidaridad, el Foro Cívico y Opinión Pública Contra la Violencia. Una de las claves del éxito de estos movimientos fue que postergaron el debate programático para una etapa posterior a la recuperación del Estado de Derecho a través de las urnas. El objetivo primordial fue derrotar electoralmente al Partido Comunista y desarmar los cimientos del totalitarismo, reformando las constituciones, las leyes, la policía, la educación; desmontando a los aparatos represivos de las milicias populares y de la seguridad secreta; reconociendo la propiedad privada, la libertad de expresión, reunión, asociación y culto, acercándose a la experiencia democrática y liberal de su vecina próspera, la Europa occidental. Las lecciones de la disidencia de Europa central son valiosas como legado para la humanidad, en particular para los países que aún están regidos por la ideología del marxismo-leninismo, porque se sustentaron en el respeto a la diversidad y apelaron a la conciencia de sus conciudadanos no desde un programa político o económico, sinodesde una revolución ética fundada en la libertad y la dignidad del hombre. No se recurrió jamás a la violencia, porque los medios son una interpretación fiel de los fines que se buscan, y por consiguiente emplearon todos los mecanismos legales que el comunismo había mantenido como una fachada, poniendo en evidencia la profunda contradicción y la gran mentira que los comunistas se empeñaban en sostener. La transición pacífica a la sociedad libre fue el resultado de negociaciones en torno a una "mesa redonda", primero en Polonia durante cuatro largos meses que culminaron con la victoria electoral de Solidaridad en junio de 1989, ejemplo seguido luego por los húngaros, los checos y los eslovacos. En estas negociaciones intervinieron hombres lúcidos y de firmes convicciones democráticas, como el historiador medievalista polaco Bronislaw Geremek, o los juristas checos Petr Pithart y Zdenek Jicinský, que se formaron en el ambiente del debate y el estudio de los centros culturales clandestinos. En un principio, ninguna de estas organizaciones tuvo el propósito de reemplazar al régimen existente, sino el de luchar con perseverancia por la defensa de los derechos humanos ante un régimen sin escrúpulos y en medio de una población indiferente y distante. Ni siquiera en las jornadas decisivas de 1989 llegaron a pensar en que podían provocar el derrumbe del comunismo, aparentemente tan sólido e indestructible. La fortaleza de la disidencia residió en que no buscó el mero cambio de personas, sino el retorno a los principios universales de la libertad y la democracia. |
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